Tu entorno vota sobre en quién te conviertes, todos los días, estés prestando atención o no.
Tratamos la disciplina como un acto de voluntad. Principalmente es un acto de diseño. Las personas en la habitación, los objetos en la pared, los valores predeterminados al alcance: votan cada vez que los miras. No te elevas a tus metas; te hundes en tu entorno.
Lo que miras, en eso te conviertes.
Así que elige la habitación a propósito. Coloca el estándar donde lo vayas a ver. Haz que el entorno defienda tu causa cuando tu fuerza de voluntad esté dormida. Eso no es decoración, es estrategia.